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Sanidad Cantabria 04-03-2026 12:15

El eje microbiota-intestino-cerebro, clave para entender por qué no todos responden igual a los agonista GLP-1

Los agonistas del receptor GLP-1 se han convertido en una de las herramientas terapéuticas más potentes para el tratamiento de la diabetes tipo 2 y la obesidad; sin embargo, su eficacia y tolerancia podrían depender del eje microbiota-intestino-cerebro, explica la doctora Mar Sánchez Somolinos, jefa de la Unidad de Microbiota de Neogenia.

En España, el uso de estos medicamentos ha experimentado un crecimiento exponencial. Una microbiota equilibrada favorece la producción de ácidos grasos de cadena corta, que estimulan la secreción natural de GLP-1 y potencian la acción del fármaco.Por el contrario, una microbiota alterada puede incrementar la inflamación sistémica y empeorar los efectos adversos digestivos", señala la experta.

Tal como describen estudios recientes, la composición de la flora bacteriana no solo influye en la respuesta al tratamiento, sino que también puede modular la aparición de los temidos efectos secundarios digestivos: náuseas, vómitos, diarrea, estreñimiento o mal aliento, que afectan entre el 40% y el 70% de los pacientes.

La especialista incide en la importancia de realizar un estudio de la microbiota antes de comenzar cualquier tratamiento con agonistas GLP-1. "Antes de iniciar la medicación, sería recomendable analizar el estado de la microbiota intestinal. Si se detecta una disbiosis, podemos actuar sobre ella con probióticos específicos para equilibrarla. Esto no solo puede mejorar la respuesta al fármaco, sino que también prepara al intestino para tolerar mejor el tratamiento, reduciendo la probabilidad de sufrir efectos secundarios graves desde el principio", señala Sánchez Somolinos.

La experta advierte que "en pacientes con disbiosis previa, estos fármacos podrían incluso favorecer el aumento de bacterias potencialmente patógenas, lo que refuerza la necesidad de abordar el estado de la microbiota antes y durante el tratamiento. No todos los pacientes parten del mismo punto, y la microbiota puede marcar la diferencia entre el éxito y el abandono terapéutico".

Además de su papel preventivo, los probióticos también pueden ser de gran ayuda una vez iniciado el tratamiento, especialmente en aquellos pacientes que ya experimentan efectos secundarios digestivos significativos. Ante pacientes que presentan náuseas persistentes, diarrea o estreñimiento severo asociado al uso de GLP-1, más efectiva es incorporar probióticos, por ejemplo, formulaciones multicepa que incluyan lactobacilos y bifidobacterias, que puedan restaurar el equilibrio microbiano, reducir la inflamación intestinal y aliviar estos síntomas.

La especialista de Neogenia concluye que "en los próximos años, la medicina personalizada basada en el estudio del microbioma será un pilar fundamental para optimizar los resultados de los tratamientos contra la obesidad".

¿POR QUÉ ALGUNOS PACIENTES TOLERAN PEOR EL TRATAMIENTO?

Se pueden identificar algunos motivos por los que los pacientes que inician tratamiento con agonistas GLP-1 experimentan efectos secundarios más acusados o una menor eficacia, advierte la especialista.

Por ejemplo, un baja diversidad microbiana o la presencia de disbiosis previa puede condicionar una peor respuesta al fármaco y una mayor incidencia de efectos adversos digestivos. Una dieta inadecuada durante el tratamiento puede influir también; el consumo de alimentos grasos, fritos, picantes, ultraprocesados o bebidas carbonatadas puede exacerbar las molestias gastrointestinales.

"Los pacientes deben ser conscientes de que lo que comen influye directamente en cómo toleran la medicación", matiza especialista en microbiota de Neogenia. Además, lamenta que un alto porcentaje de la población desconoce que la salud intestinal puede condicionar la eficacia de los tratamientos.

"Una muestra más de que se debe educar a la población en el cuidado de la microbiota como parte fundamental de la salud general, no solo en procesos digestivos", añade, recordando la importancia de realizar estrategias complementarias, por ejemplo la suplementación con probióticos específicos podría ayudar a restaurar el equilibrio microbiano y mejorar la tolerancia, "pero aún es una opción poco conocida entre los pacientes".

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